Todos tenemos ambas, pero según lo que estemos tratando será más efectiva una u otra.
Hace unos años, mientras hacía el curso de Pactitioner PNL, mi maestro (que también era mi socio por aquel entonces) me puso un ejemplo muy ilustrativo para mostrar los tipos de motivación personal:
Imagina que una persona cualquiera quiere adelgazar. Para ello, en la puerta de la nevera pondrá una foto suya con el objetivo de verla siempre que se acerque a ella. Esta foto puede ser de dos formas: una foto de años atrás, en la que salga bien y con buen cuerpo; o una foto actual, en la que salga con esos quilos de más que quiere perder.
El objetivo de la primera es enfocarse en lo que quiere lograr (que al final es la meta que desea); y el objetivo de la segunda es mentalizarse de cómo no quiere estar ni volver a verse.
Hay personas a quién, en este mismo caso, les funcionaría mejor la primera fotografía, y hay personas a las que les iría mejor con la segunda.
¿Como saber cuál es la mejor en cada caso? Probando, porque para unas cosas puede serte más efectiva la motivación positiva y para otras la motivación negativa. No hay más.
Es por esa razón que si no estás logrando los objetivos que te marcas, tal vez estás poniendo el foco en la motivación equivocada. ¿Lo habías pensado?