Creer o no creer, esa es la verdadera cuestión

Una de las cosas que me gusta hacer por las mañanas, es leer un rato. A las 5am no hay ruidos, todo es silencio y tranquilidad, es mi momento.

Ahora estoy con un libro de Tony Robbins, sobre creencias y cómo realizar cambios permanentes. Hoy haré una reflexión sobre una parte del libro y sobre cómo lo he experimentado vívidamente.

Las creencias son conexiones neuronales. Hay conexiones más fuertes y menos, todo depende del grado de refuerzo de dichas creencias que hayas hecho.

El sistema neuronal de cada persona se forja a raíz de las experiencias positivas y negativas. Es indiferente lo que te hayan enseñado de pequeño (por ejemplo, yo tengo creencias y vivencias muy distintas a las de mi hermana, y nos han educado igual), todo irá en función de tu experiencia frente un acontecimiento concreto.

Como consecuencia de ello, si por las razones que sean has reafirmado una creencia de forma más sólida, cambiarla costará más, obvio.

En el libro, Tony pone el ejemplo del tráfico en una ciudad. En el momento de crear una creencia, el tráfico de impulsos entre neuronas es como un callejón pequeño, en el que transcurren muy pocos coches. Cuando vamos reafirmando la creencia (buscando acontecimientos, opiniones y emociones positivas o negativas que la ratifiquen), el callejón se va ampliando y el tráfico crece hasta llegar a una autopista de impulsos.

Mi reflexión:

Si entendemos este funcionamiento de nuestro cerebro, ¿qué nos impide ser conscientes y cuestionar cualquier aspecto de nuestra vida? ¿Por qué no evaluamos cada momento, acción y pensamiento que tenemos?

Todo puede ser verdad o no. Como dice la canción: depende, de qué depende, de según como se mire todo depende.

El cerebro crea las creencias y las reafirma con el objetivo de la supervivencia. El cerebro es primitivo, y no entiende de la sociedad actual y las comodidades que tenemos. Por ello, entender su funcionamiento nos ayuda a cambiar aquello que no queremos, nos ayuda a tener más control de nuestras acciones y pensamientos.

Muy a parte de que si estuviéramos evaluando cada instante no podríamos vivir medianamente tranquilos, ¿no te parece que debemos pararnos un poco más a reflexionar y cuestionarnos?

Un ejemplo sobre todo ello son mis creencias acerca de la responsabilidad.

Hasta hace muy poco culpaba a los demás de mis situaciones (que si el trabajo no me gusta es por culpa de aquél o aquella; que si me has hecho daño por esto; que si la culpa la tienes tú de lo otro; … frases que todos hemos dicho en más de una ocasión).

Llegué a desvincularme tanto de mi que parecía un autómata, únicamente iba de un lado a otro culpando a los demás. Enfadado con la vida y preguntándome por qué tenía tan mala suerte y otros eran tan afortunados. Lo que no veía era que lo tenia todo.

Un día (no me preguntes la razón porque ya había visto y leído temas de crecimiento personal y nunca antes había hecho la conexión) me cuestioné cómo podía ser que todo fuera culpa de lo externo y tan pocas veces fuera yo el responsable de las cosas que pasaban en mi vida. Al fin y al cabo, era mi vida.

En ese momento cambió mi vida al completo.

Ahora me siento capaz de cualquier cosa. Tengo el poder de elegir, de llevar a la acción y de lograr aquello que realmente me proponga.

Todo es cuestión de creer.

Creer que algo tiene que cambiar (no que debería o podría, sino que tiene que cambiar).

Creer que soy el responsable y que soy la fuente de ese cambio.

Creer que puedo cambiarlo, que tengo el poder de cambiarlo.

Todo es cuestión de creer.

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: