El modelo tradicional de emprendimiento ha pasado a la historia desde hace unos pocos años.
Eso de hacer un plan de negocio, presuponiendo que vamos a tener “X beneficios” en “X tiempo”, vendiendo “X productos o servicios” y que nuestros clientes serán “X de buenos y fieles”, es algo irreal y poco fiable.
El mercado de los negocios ha cambiado, y lo que antes podía ser medianamente seguro, ahora es volátil hasta límites insospechados.
Dejando al margen que la tecnología e internet han reconducido el mundo empresarial hacia lugares impensables hace unos pocos años, emprender un negocio o proyecto es una aventura de aprendizaje constante.
De ahí que nació el modelo Lean Startup, o lo que es lo mismo, emprender con lo mínimo viable e ir adaptándote.
Pero este método no sería un método sin una mínima estructura, y por ello se basa en 3 pilares llamados El ciclo Lean Startup que explicados rápidamente son:
- Construir: cuando tenemos una idea y creemos que puede ser funcional, aunque debemos hacer un pequeño estudio de mercado para ver la viabilidad, tras este vamos a construir un MPV (mínimo producto viable) que nos permita arrancar y validar la idea de negocio.
- Medir: en un período de tiempo relativo (ya lo comentaremos en otro momento de forma más detallada), analizaremos los resultados y veremos “qué sí y qué no” funciona.
- Aprender: y a mi parecer este es el punto más importante, aprender sobre lo que hemos hecho y reajustar lo necesario.
- Vuelve a empezar: realmente este no es un punto de la metodología, pero me gusta detallarlo ya que si nos quedamos en el tercer punto y no tomamos acción, nada sirve.
Mi reflexión es la siguiente: sea como sea la metodología que uses para emprender un negocio o proyecto y los pasos que quieras hacer, si no tomas acción y sólo analizas, nada funciona.