Morir de éxito

Hay un término en el mundo empresarial y de los negocios llamado morir de éxito.

Todas las pequeñas y medianas empresas quieren tener éxito, obvio. Pero a veces lograr el éxito demasiado rápido es contraproducente.

Morir de éxito significa crecer tan rápidamente que con nuestras capacidades, margen de maniobra y recursos, no podemos alcanzar los mínimos para mantener el éxito adquirido.

Vamos, que nos vamos a pique por no poder adaptarnos tan rápido.

Vemos que todo marcha fenomenal, que el crecimiento es exponencial y el principal problema es la ceguera que nos produce la emoción de crecer, nos impide ver el problema subyacente.

¡Ojo! No digo que tener éxito rápido sea malo, digo que si no eres capaz de adaptarte al mismo ritmo, tienes un problema mayor.

Al caso.

Actualmente venimos de un período de distanciamiento social. Este ha hecho que nos acostumbremos a mantener unas distancias mayores entre las personas de las que estábamos acostumbrados anteriormente.

Además, por lo general la población se ha dado cuenta de los beneficios de practicar deporte intenso de forma habitual. Y eso está haciendo que muchos gimnasios e instalaciones deportivas estén generando una cantidad de altas a un ritmo sin precedentes y nunca visto en años anteriores. Sumando también los cierres de los centros que no han sobrevivido a la pandemia.

Por otro lado, como los hábitos de consumo también han cambiado, nos encontramos con una cantidad de clientes mucho mayor que hacen uso de las instalaciones. Es decir, hace pocos años veíamos una parte de los clientes abonando las cuotas del gimnasio sin a penas asistir. Ahora ese porcentaje es tan pequeño que si aspiramos a tener al mismo número de clientes que antes, las instalaciones se verán saturadas.

Si sumamos esa saturación al distanciamiento social que hemos vivido, y al que nos hemos acostumbrado tan rápido, ¿qué percepción tendrá el cliente cuando vea las salas de fitness llenas?

Si esa percepción no somos capaces de canalizarla, serán los mismos clientes los que se darán de baja, y seremos nosotros mismos los que nos canibalizaremos.

Es decir, tantas altas momentáneas, producirán saturación, que a su vez desencadenará en malestar general y por consecuencia, una alta cantidad de bajas.

La única solución: estar atentos, reflexionar, detectar las necesidades de los clientes, escuchar, y sobretodo estar preparados para adoptar cambios importantes en poco tiempo.

Morir de éxito es ceguera y falta de adaptación. Y no hay más ciego que el que no quiere ver, y menos adaptado que el que no cuestiona.

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